Segundas partes nunca fueron buenas.
Subía los arlequinados peldaños que separan mi casa de la azotea.
Y me hice niño.
Subía bajo el calor de la tarde, para olvidar el odio hacia la arena.
Y pude disfrutar.
!Playas de Sanlucar! agitar vuestras arenas, aguas y vientos,
que nadie os pierda el encanto. Que hoy he cometido un pecado.
Nunca te podre olvidar, aunque mi cuerpo haya elegido ya...
otro navegar.


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