Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo. (Voltaire)

martes, 9 de octubre de 2007

Opinadores de Salón

En medio de teorías conspiratorias, guerras preventivas, negociaciones con terroristas y demás sucesos trascendentales, una sombra con sombrero y gabardina pasa inadvertida a los ojos de los viandantes de la vida: el opinador de salón. El opinador es una figura cada vez más presente en todos los medios de comunicación, se deja querer con comentarios ocurrentes e intenta hacerse tu amigo. Cuando abres el periódico por cualquier página, allí está el opinador. Cuando enciendes la radio, allí debate el opinador. Cuando pones la televisión, allí aparece acomodado en un rincón el opinador. No es difícil identificarlo pues responde a un perfil claro y coherente, aunque sólo consigo mismo: arrimarse a la sombra del árbol que más cobija. Se dice que una vez vieron a un opinador de salón debatiendo sobre cuatro temas distintos a la vez, a cada cual más dispar, en los que en todos decía tener razón, a pesar de cambiar de bando en numerosas ocasiones. No debe extrañarnos, pues el opinador siempre tiene razón y además posee la rara cualidad en la raza humana de entender de todo, desde los avatares de la economía mundial en la bolsa de Tokio hasta los detalles de la vida privada de la última novia de Paquirrín, pasando por supuesto por la exacta composición que deberían llevar los neumáticos de un fórmula uno en una carrera en la que se presume lluvía. Los opinadores se han comido a los periodistas. Ya no existen noticias, existen la visión que el opinidador de turno te quiera dar sobre la noticia. Allá tú si te la quieres creer o no. Los opinadores se han adueñado de nuestro salón.

P.D: Esta es mi opinión. Y además tengo razón.

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