
No soy yo muy taurino (jeje), pero la biografía de Rodolfo Rodríguez es digna de mención en cualquier conversación que verse sobre el noble arte de la tauromaquia. Su vida siempre ha estado acompañada de escándalo y provocación. Trabajó de panadero, de ahí su mote, e incluso de sepulturero, paracaidista en las tientas o vendedor de golosinas. Tuvo su reconocimiento cuando era aún novillero, pero su problema con el alcohol lo llevó a las sombras de la fama. Aún antes, para entrar en este mundillo, tuvo que tirarse de espontáneo. Cuando tomó la alternativa se dedicó a insultar a los toreros más importantes.
Injustos vetos por varias plazas, ostracismo, huelgas de hambre, mendicismo, siempre junto a su muletilla, y nueve pasos por la cárcel se suman a su curriculum.
Hay una anécdota que refleja su carácter. Cuando el presidente francés visitaba el país mexicano se tiró de espontáneo de nuevo, con un cartel en el que se podía leer: “Chirac, ya párale, cabrón, con tus bombitas”. El empresario de la plaza no lo contrató más. El nuevo responsable de la plaza le prometió que, si respondía positivamente a un tratamiento desintoxicante de sus adicciones, le dejaría tener una despedida digna del toreo.
El pasado 7 de Enero “El Pana” celebraba su despedida de torero en la Monumental de México City. Cuentan los que tuvieron la suerte de asistir, que no fue una despedida más de un matador rodeado de su gente. Fue sencillamente un capítulo más en la historia del toreo. De hecho, lo que tenía que ser un triunfal punto final, se quedó en un mero punto y seguido que le ha llevado a las plazas más reconocidas de España. Incluso el presidente de la república del país azteca le pidió perdón por no haber asistido a su corrida. Su historia es una recompensa al esfuerzo y el tesón, y su personalidad es claramente superlativa. Se pasea por las plazas con su habano en la boca. Después de ese triunfo, las declaraciones de Rodolfo Rodríguez con respecto a sus futuros contratos son claras: “Espero estar a la altura de ‘El Pana’”.
Como despedida de este artículo os dejo el brindis que dedicó después de matar al segundo toro, llamado “Conquistador”, aquella gloriosa tarde.
«Brindo por las damitas, damiselas, princesas, vagas, salinas, zurrapas, suripantas, vulpejas, las de tacón dorado y pico colorado, las putas, las buñis, pues mitigaron mi sed y saciaron mi hambre y me dieron protección y abrigo en sus pechos y en sus muslos, y acompañaron mi soledad. Que Dios las bendiga por haber amado tanto»